Cajal: pasado, presente y futuro

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Autoría 
José Rodrigo García
Texto 

En estos momentos podríamos describir, sin temor a equivocarnos, el escenario donde representar las escenas de la obra titulada “La investigación como factor determinante en el desarrollo hegemónico de una nación”. La obra es siempre la misma y su decorado también, y los asistentes al  espectáculo son los que varían y los que van a ver la obra si son diferentes. El argumento de la obra puesta en escena trata de analizar como los factores que conducen al liderazgo de una nación, pasan por el apoyo que sus políticos presten a su comunidad científica para que puedan crear, cueste lo que cueste, ciencia, industria  y arte originales.

En el caso de España, tanto Cajal como los científicos que le han sucedido conocían y conocen  que el apoyo de los políticos es escaso y solo alcanza a indicarnos el camino  por donde  las ruedas de esa carreta han de pasar para forjar una España con porvenir, tal como lo hiciera nuestro protagonista D. Santiago Ramón y Cajal.

Antes de adentrarnos en el desarrollo del tema que nos ocupa, brevemente, recordemos que D. Santiago Ramón y Cajal nació el 1º de mayo del 1852 en el seno de una familia económicamente deprimida y afincada en Petilla de Aragón, pueblo pobre y desolado de Navarra, que por un capricho geográfico, este terruño navarro, se encuentra enclavado como un islote en la provincia de Zaragoza. Petilla de Aragón solo ofrecía un paisaje triste y duro, con un suelo pobre formado por míseros bancales construidos en las laderas de sus montañas.

D. Santiago gozó solo de la herencia biológica que les dejaron sus padres D. Justo Ramón Casasús y Dª Antonia Cajal, consistente en su sólida y firme voluntad, su mentalidad vigorosa y su gran tesón y entrega sin límites a su trabajo.  Estas condiciones le ayudaron a superar las numerosas dificultades que surgieron a lo largo de su vida como científico.

Para aquellos que han leído y convivido con sus obras literarias y/o científicas, Cajal viene a ser como el bálsamo que todo lo cura, ya que puede actuar como remedio natural o ecológico, recomendable y aplicable a  todas las patologías intelectuales y en las desventuras culturales que de manera personal o colectiva sufren  los ciudadanos. 

Las cualidades personales de Cajal han sido recogidas en  numerosas biografías, señalando en todas ellas, como nuestro protagonista vivió con plenitud todas las fases de su vida.  La infancia, vivida en Larrés, Luna y Valpalmas fue como la de cualquier niño haciendo las travesuras propias de la edad.  La adolescencia la desarrolló en Ayerbe, aunque por sus estudios de bachillerato tuvo que vivir en Jaca y Huesca. Cajal  continuó con sus  andanzas, complicadas con pedreas y luchas entre mozalbetes y además con un claro enfrentamiento con su padre. Cajal prefería trabajar como pintor, aprendiz de zapatero o barbero antes que estudiar como proponía su padre. Finalmente, como adulto, continuó manteniendo el enfrentamiento con su padre hasta llegar a la completa ruptura familiar cuando su padre tras la muerte de Dª Antonia decidió contraer segundas nupcias.  Cajal pasando de los consejos que les diera su padre hizo valer su decisión personal, optando por ser Médico militar, anatómico, catedrático y científico.

Pactado el futuro entre padre e hijo, Cajal se dedicó intensamente a sus investigaciones sobre la estructura del sistema nervioso, estableciendo  con su Teoría Neuronal y la Polarización Dinámica del Impulso Nervioso,  las bases de la moderna neurobiología. Estos trabajos le hicieron merecedor del máximo galardón que se puede conceder a un científico, el Premio Nobel.

La vida de Cajal estuvo entregada plenamente al servicio de su patria tal como refleja la biografía escrita por Ernesto Lugaro, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Turín. Esta biografía a pesar de su brevedad, es muy interesante por su condensado contenido: “El caso de D. Santiago Ramón y Cajal, con toda seguridad es único en la historia. En un medio indolente y casi hostil, este hombre, con claro talento y voluntad, con trabajo inspirado e infatigable, logró una realización científica colosal, tan armoniosa como una obra de arte y sólida como para desafiar a los siglos. Sea cual sea la especialidad que ejerza un neurobiólogo, siempre deberá tener presente los trabajos de Cajal, e invocar su nombre al exponer cualquier hecho o idea en el campo de la neurobiología”.

Esta corta introducción sobre la vida y obra de Cajal nos va dejando en un primer plano la gran preocupación  que Cajal tenía a lo largo de su vida. El nivel cultural de sus conciudadanos. Esta preocupación, la sufría Cajal casi de manera obsesiva, ocupándose de ella en numerosas  ocasiones  al señalar por ejemplo que “tan solo un buen nivel cultural de los ciudadanos hará surgir un vigoroso plantel de científicos capacitados para acometer novedosas investigaciones, que participaran con dinamismo en la creación hegemónica y en el bienestar de un pueblo”.

Ahora bien nos surge la siguiente  pregunta: ¿cómo se puede incrementar el nivel cultural de un pueblo cuando este se encuentra sumido en una permanente crisis?

 Toda la vida de Cajal se vio turbada por incidencias que impedían establecer el normal ritmo de una nación. Ya el mismo año  en el que nació Cajal se produjo el golpe de estado de Bravo Murillo (1852), continuándose a lo largo de su vida con los intentos involucionistas y maniobras anti-constitucionalistas en las que los militares O`Donnell, Narváez y Prim y el brigadier Juan Bautista Topete, directa o indirectamente instigaron la sublevación de la escuadra naval fondeada en Cádiz y participando activamente en el manifiesto que destronó a la Reina Isabel II (1868), y la proclamándose la Primera República (1873).

También por esas fechas otros episodios enturbiaron el panorama político de España, tales como. la guerra de África (1859-1860), la persecución de los carlistas llevada a cabo por Primo de Rivera (1876), la abolición de la I Republica con el golpe de estado del General Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque, el pronunciamiento militar de Arsenio Martínez Campos (1874) con la restauración de la Monarquía, el reconocimiento de los derechos del Rey por parte de la iglesia, el asesinato de D. Antonio Cánovas del Castillo (1897) y un año más tarde la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana en Cuba. El hundimiento de la escuadra del Almirante Pascual Cervera y la trágica rendición sin condiciones de Santiago de Cuba en 1898, puso punto final a la guerra Hispano-Estadounidense, y con ello se liquidaba los restos del imperio español en ultramar.

España realmente se encontraba sumergida en una profunda crisis económica motivada por la sangría permanente que suponían los frecuentes desastres bélicos internos y externos. Con este maltrecho panorama, cualquier intento de abordar algún proyecto científico que necesitase del apoyo gubernamental era misión imposible. Solamente progresaban aquellos escasos proyectos científicos que contaban con apoyo financiero personal tal como Cajal se vio obligado a realizar, costeándose la propia  revista “Trabajos de Laboratorio de Investigaciones Biológicas” , donde se publicaron los trabajos que le  dieron tantos éxitos.  También se costeaba el material de laboratorio y la asistencia a los Congresos.

Realizar cualquier tipo de investigación, bajo estas condiciones de depresión personal y colectiva, francamente fue imposible, y en consecuencia, en torno a  nuestros hombres de ciencia se fue instalando una aureola de desprestigio, al ser considerados como meros aficionados, que no despertaban interés en el mundo científico.

En la actualidad aunque han mejorado algunas de las circunstancias vividas en tiempos pasados podemos leer con cierta frecuencia, tanto en la prensa nacional como en la  internacional, encuestas que nos informan sobre la situación cultural de los jóvenes adolescentes españoles. Las encuestas realizadas por organismos o entidades de solvencia acreditada arrojan información sorprendente como la  facilitada por la prestigiosa Fundación Cotec, que hace pública esa situación bajo el título “La cultura de la innovación de los jóvenes españoles en el marco europeo”. La encuesta  demuestra, como nuestros jóvenes adolescentes carecen de la suficiente estructura cultural que garantice la solvencia de España a la hora de ser una nación competitiva. Según esa encuesta España ocupa los últimos puestos de entre las 15 naciones europeas más desarrolladas. Concretamente, en el apartado de  patentes, los jóvenes españoles ocupan el puesto 13, el puesto 12 en conocimientos matemáticos, el último puesto en lectura y el 11 en arte.

También en varios diarios y entre ellos  El Mundo, han facilitado los resultados de encuestas realizadas por otras entidades de prestigio, como la Fundación Europea, la Fundación Príncipe de Girona, y la Organización  para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Los datos  obtenidos por estas encuestas son muy variados indicando 1) que el 43% de los jóvenes españoles tienen un nivel cultural bajo, 2) que uno de cada cuatro jóvenes de entre los 15 y 29 años, ni estudian ni trabajan y la mitad no han terminado  el bachillerato,  3) que el 35 % de nuestros jóvenes han dejado los estudios, 4) que España es el país con más ni-nis de toda la Comunidad Europea, 5) que el 45 % de los jóvenes de entre 25 y 28 años solo completaron la educación primaria.

Todos estos datos demuestran que nuestros jóvenes se encuentran sumergidos en una situación educativa bastante mala, lo que hace que el nivel cultural sea enfermizo. Pero lo peor son los remedios que se aplican por los líderes de los partidos políticos situados en la oposición, que sin entrar en vigor los acuerdos  pactados, señalan con todo tipo de detalles que cuando lleguen al poder eliminaran cualquier tipo de Ley de Educación que estuviera vigente..

Estos remedios siempre  siembran dudas, ya que no se sabe si la solución dada es la ideal o por el contrario la solución está vinculada al éxito o al triunfo de una ideología política. En cualquier caso, la aplicación de normas reguladoras que incrementen nuestro nivel cultural, sin ningún género de dudas, viene siempre con fecha de caducidad. Esta inseguridad hace que la patología cultural persista en el tiempo, hasta hacerse crónica, dando lugar a que aumente la desconfianza y el desprestigio internacional hacia nuestros jóvenes que son la cantera de nuestro futuro científico.

Hoy, cuando me encuentro navegando en esa etapa de la vida, en la que las canas emergen con descaro, intentando justificar el rápido tránsito de los años vividos y el trabajo realizado en el Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), me siento profundamente estimulado para contribuir, en la medida de mis posibilidades, al desarrollo cultural de nuestra sociedad con la que sigo teniendo una deuda moral, enmarcada por un sólido compromiso de servicio.

Ese compromiso surgió hace ya bastantes años, justo al finalizar mi primer proyecto científico. Aquellos años de gran dureza y rigidez económica y política, invitaba sin duda alguna a reflexionar sobre el grado de vinculación, interés y apoyo que nuestros conciudadanos mostraban para con la investigación en España. De desalentador fue calificado el resultado del análisis realizado sobre nuestro nivel cultural, ya que en la lista de sus prioridades, la ciencia ocupaba una posición irrelevante.

Nunca existió, por parte de los responsables de política científica, un momento para reflexionar sobre la estructura científica nacional. Las tortuosas situaciones en las que España tradicionalmente se encontraba sumergida, acaparaban alarmantemente toda la atención ciudadana sin dejar espacio alguno para el enriquecimiento cultural del pueblo.

Aquella situación me creó un compromiso de servicio para con las nuevas generaciones, destinatarias de la experiencia adquirida durante más de cincuenta años en el campo de la neurociencia. Al transmitir esa experiencia contribuimos al desarrollo cultural de nuestros conciudadanos, intentando despertar en ellos, directa o indirectamente, el ingenio, la creatividad y el interés por la investigación que desarrollan.

Para alcanzar ese objetivo es fundamental acercar el mundo científico a los ciudadanos y para ello tenemos que buscar algún medio sencillo, atractivo y eficaz que garantice el éxito de esa propuesta, permitiendo su difusión e impregnación de nuestros ciudadanos del conocimiento científico, capacitándoles para que puedan valorar con realismo la utilidad que tiene la investigación en el desarrollo de los pueblos.

El trabajo científico desarrollado durante todos estos años nos ha permitido penetrar, ver, apreciar y valorar el mundo fantástico del cerebro, que provoca en el observador un admirable y sobrecogedor silencio.

Con esta finalidad hemos recogido las imágenes más sobresalientes de nuestra investigación, con las que hemos creado una colección de oleos que titulamos “Los Paisajes del cerebro”. Esta colección pretende, llamar la atención del ciudadano, facilitándole de manera sencilla su acceso al mundo científico.

Como soporte que facilite esa aproximación hemos elegido de entre las diversas manifestaciones artísticas, la pintura, que desde Leonardo da Vinci fue considerada como ciencia, al basarse en la experimentación y en la perspectiva matemática. La pintura va más allá, al considerar que a través de ella se pueden expresar ideas y creencias que satisfacen las necesidades del espíritu. La pintura es un medio que canaliza las pasiones del artista hacia el objeto deseado, estableciendo finalmente un íntimo dialogo con el observador como destinatario de los valores contenidos en los lienzos.

Desde la aparición del Homo sapiens, la expresión artística de la pintura ha ido cambiando paulatinamente, pasando del arte paleolítico con fuerte componente de magia o religión, a las vanguardias o tendencias artísticas posmodernas. Esto significa que la pintura está viva, que sufre modificaciones que facilitan la aparición de nuevas tendencias donde los coloridos trazos son el reflejo de la influencia que los acontecimientos ejercen sobre el entorno del pintor.

Por lo tanto, creemos que utilizar la pintura como el vehículo, que facilite la transmisión a las nuevas generaciones, de toda la experiencia científica acumulada puede incrementar su nivel cultural y actuar como sustrato del contenido que existe en la frase manuscrita por Cajal al pie de una de sus fotografías. En ella puede leerse:

“Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”, (Cajal 1922).

En el campo de la neurobiología la pintura y el dibujo, han sido utilizados frecuentemente como medio de ilustración que facilite la difusión de los avances científicos. En esta ocasión, pretendemos que la pintura sea un medio con suficiente interés como para hacer reflexionar a nuestros ciudadanos sobre ese gran tesoro que el cráneo alberga. En este caso podemos afirmar que la ciencia es Arte y el Arte es un gran vehículo que puede participar en la difusión de la ciencia e incrementar el conocimiento cultural y científico.

En este sentido Cajal (1899) recomendaba “Distrae tus cavilaciones y enojos con el estudio de la historia, la literatura y si es posible, con la práctica del dibujo y la fotografía”, añadiendo además que “un buen dibujo es como una buena preparación microscópica. Son pedazos de la realidad, documentos científicos que conservan indefinidamente su valor y cuya revisión será siempre provechosa, cualesquiera que sean las interpretaciones a que hayan dado origen”, y continuaba diciendo “que por precisa y minuciosa que sea la descripción de los objetos observados, siempre resultará inferior en calidad a un buen grabado, que servirá como precedente de inapreciable valor para quien pretenda confirmar nuestras aseveraciones”.

Al hacer un alto en el ajetreado y fatigoso caminar y penetrar en la serena y a la vez compleja estructura de la corteza cerebral, el hipocampo o el cerebelo, podemos tranquilamente disfrutar de las sombras que proyectan sus frondosos bosques neuronales, disfrutando de la grandeza y belleza que transmiten los maravillosos paisajes del cerebro.

Esta colección además de poner de manifiesto la exuberante belleza y delicadeza estructural de los componentes del tejido nervioso, intenta iluminar y orientar los primeros pasos de aquellos jóvenes que inician o han iniciado estudios sobre neurobiología. Desde aquí pretendemos animarles a que encuentren la puerta que les permita acceder al complejo y a la vez fascinante mundo, en el que la célula nerviosa es la protagonista principal.

El cerebro está formado por dos grandes masas de tejido nervioso, denominadas hemisferios cerebrales que guardan entre sí gran similitud, como si uno fuese la imagen especular del otro. El cerebro humano que pesa aproximadamente 1,4 kg, representa el 2 % del peso corporal y utiliza el 20% del oxígeno contenido en la sangre que circula por toda su estructura. El cerebro está compuesto por más de diez billones de neuronas interconectadas y distribuidas en diversos núcleos, áreas y sistemas. Esa estructura es la que capacita al ser humano a relacionarse a lo largo de su vida, con todo lo que le rodea, a organizar el aprendizaje y la memoria y a regular también la actividad de su sistema nervioso autónomo.            

Al inicio de esta charla señalábamos como D Santiago Ramón y Cajal (1852 - 1934), Premio Nobel español (1906) y Maestro universal, tuvo que superar, a lo largo de su vida, grandes dificultades, tanto ajenas como propias. Esas dificultades no lograron bloquear su trabajo que pronto empezó a dar importantes aportaciones científicas como fue “La teoría neuronal” (1888). 

Podemos señalar, que a pesar de las dificultades relacionadas directamente con nuestra historia, España se encuentra en un continuo tejer y destejer, seguimos enzarzados en disputas estériles que nos desorientan a la hora de tomar el verdadero rumbo, entreteniéndonos en individualidades sin tener en cuenta que en la unidad de las distintas tendencias culturales reside la fortaleza necesaria para lograr los objetivos científicos que se marquen.

La marginación de los científicos en aquellos años de penuria   causada por la profunda crisis de nuestra nación, motivó que nuestra presencia en Congresos internacionales, era tomada con cierto escepticismo. En este sentido Cajal se manifestaba de la siguiente manera con motivo de su asistencia al Congreso de Berlín: “Excusado es decir que mis colegas del Congreso me dispensaron una cortés acogida. Había en ello algo de sorpresa y curiosidad expectante. Les chocaba, sin duda, encontrar a un español que fuese aficionado a la ciencia y espontáneamente entregado a las andanzas de la investigación.”

El pensamiento de Cajal sobre la formación cultural de nuestros ciudadanos coincidía con el de Pio Baroja (1920), tal como quedó reflejado en su obra  “Divulgaciones sobre la cultura”. La Ciencia es lo más inmediato para un país que espera ser algo en el mundo y es el camino que más rápidamente da prestigio a las naciones.   

El ambiente cultural existente en la España de finales del siglo XIX, podría resumirse en la frase “Al carro de la civilización española le falta la rueda de la ciencia, que nunca estuvo entre nosotros”.

Cualquier sociedad empobrecida culturalmente, arrastra una serie de problemas interdependientes como son: el fracaso económico, la insolvencia, el desprestigio, la sumisión y dependencia absoluta de aquellas naciones que hegemónicamente marcan el camino. La falta de cultura actúa  en esas naciones como una losa, ofreciendo solo servidumbre que impide poner en marcha su genuina creatividad e incrementando el empobrecimiento cultural de su sociedad.

Esa falta de cultura era la causante del desprestigio  que nuestros científicos despertaban en los foros internacionales de discusión. Esta circunstancia ocasionaba en Cajal un profundo sufrimiento, llegando en ocasiones a denunciar con gran dureza esta situación en los medios de comunicación. Esta reacción la encontramos en el artículo escrito por Cajal y publicado en El Liberal en el año 1898, con motivo de la pérdida de Cuba:

Que a nuestros españoles (artilleros de Cuba, médicos, físicos, naturalistas) les falta la ciencia exacta y propia para dar en el blanco, porque a pesar de ser doctísimos, pocos saben aplicar su ciencia a las necesidades de la vida, y son rarísimos los que dominan los métodos de investigación hasta el punto de hacer descubrimientos. Hay que crear ciencia original en todos los órdenes del pensamiento: filosofía, matemáticas, química, biología, sociología, etc. Tras la ciencia original vendrá la aplicación de los principios científicos y finalmente se cosechará el fruto de la ciencia aplicada, la riqueza, el bienestar, el aumento de la población, la fuerza militar y la hegemonía política llenará todos los órdenes de la actividad humana. En resumen, se perdió Cuba por ignorantes y débiles, negando la ciencia y la fuerza de los Estados Unidos.

Cajal, a los 48 años de edad, cuando ya ocupaba la cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y se celebraba en Paris el XIII Congreso Internacional de Medicina, le fue concedido el Premio Moscú  (1900). Este galardón se concedía al trabajo médico o biológico más importante publicado en el mundo entero durante los tres últimos años. La noticia sobre la concesión de este premio fue recibida por Cajal  en su casa recién estrenada de la calle de Amaniel, donde se encontraba  convaleciente de una serie de dolencias que le acarrearon un gran abatimiento de ánimo, agudizado por la noticia de la pérdida de Cuba, recibida cuando se encontraba veraneando con su familia en Miraflores de la Sierra.

Este singular premio produjo un cambio en la sociedad española, y en sus políticos un sentimiento de admiración hacia la persona de Cajal, aunque muchos desconocían quien era Cajal, que obras publicó y a que se debía esa aureola de Sabio español.      

El gobierno otorgó a Cajal la Gran Cruz de Isabel la Católica (1890 y la Gran Cruz de Alfonso XII (1902). Ya en el reinado de Alfonso XIII (1907), el Gobierno creó la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones  Científicas (JAE), en un intento de provocar una corriente de comunicación científica y pedagógica entre científicos españoles y extranjeros.

Esta aptitud gubernamental dio la impresión de que un cambio se estaba produciendo en nuestro país en relación con la ayuda y promoción de la investigación científica, pero la realidad no fue así, ya que esta reacción solo fue un espejismo. La inestabilidad política y economía continuaba haciendo estragos, el terrorismo anarquista fue creciendo provocando varios atentados contra Alfonso XIII (1906) y el asesinato en 1912 del Presidente del Gobierno D. José Canalejas Méndez. Pero si la situación política era dramática, la Gran Guerra europea (1914) agravó aún más nuestra situación económica, haciendo que los gobiernos fueran cada vez más débiles y los movimientos obreros más fuertes, lo que provocó en (1923) el golpe de estado de Primo de Rivera.    

A pesar de estos azarosos acontecimientos vividos en España, la fortaleza de espíritu de Cajal seguía alumbrando el oscuro panorama español.

La transmisión de los conocimientos en la época que analizamos se realizaba, al menos  en el área de la biología,  mediante dibujos y esquemas que con precisión y elegancia intentaban reproducir aquellas bellas estructuras observadas en los preparados anatómicos o histológicos con ayuda del microscopio

Cajal señalaba “un buen dibujo como la buena preparación microscópica, son pedazos de la realidad, documentos científicos que conservan indefinidamente su valor y cuya revisión será siempre provechosa, cualesquiera que sean las interpretaciones a que hayan dado origen”. Por ello, el dibujo era el único medio que los hombres de ciencia podían usar para demostrar con agudeza, precisión y habilidad, la grandeza de sus observaciones morfológicas adquiridas con el microscopio.

Las imágenes observadas a través del microscopio fueron tan bellas que Cajal consideró a la textura del sistema nervioso como un jardín que ofrece espectáculos cautivadores y emociones artísticas incomparables, donde el investigador se instala con plena satisfacción. A estos jardines tan solo les falta el placentero y armonioso sonido producido al discurrir el agua que brota por las imaginarias fuentes cerebrales.

Esos esquemas o dibujos no se realizaban de manera caprichosa sino con gran esfuerzo y perfección para trasmitir de la manera mas precisa posible la imagen recogida por el microscopio, tal como hoy lo hacen las cámaras fotográficas adosadas a los microscopios.

 No obstante quedaba aun la interpretación de las imágenes observadas con el microscopio. Este peldaño no fue nada fácil  de superar al surgir dos corrientes estructurales totalmente contrapuestas: la teoría reticularista y la teoría neuronal.

 

La teoría reticularista.

La teoría reticularista se debe a Joseph von Gerlach (1820-1896) quien  concibió al tejido nervioso como una estructura semejante a una red, donde las prolongaciones de las células nerviosas se continuaban sin interrupción con las otras células vecinas. Esta teoría fue secundada entre otros por Dogiel (1899) y  Camilo Golgi (1843-1926).

Permitirme que haga  un inciso para relatar lo vivido por Cajal y Camilo Golgi con motivo de la interpretación de los resultados logrados con el uso de la técnica  “la reaccione nera” creada por Golgi y mejor aprovechada por Cajal, que pudo describir la morfología de los elementos neuronales que constituyen el bulbo olfativo y el cerebelo humano, Para Golgi, tal vez guiado por el pensamiento reticularista, no pudo ver la verdadera imagen que le facilitaba el microscopio y en consecuencia, para Golgi los componentes neuronales de estas estructuras cerebrales formaban una red compleja, afianzándose Golgi a la teoría reticularista.

La técnica de Golgi, que fue publicada en la Gaceta Médica Italiana el día 2 de agosto de 1873, consistía básicamente en dejar reaccionar con nitrato de plata las piezas de cerebro endurecido en dicromato potásico. Esta técnica teñía de negro las neuronas y la neuroglia.

Cajal opinaba que este método permitía visualizar la morfología neuronal prácticamente completa en su posición y formas naturales. Las células nerviosas impregnadas mostrando todos sus componentes: el cuerpo celular, sus prolongaciones y los contactos sinápticos. La fidelidad de Golgi para con la teoría reticularista fue tan extrema, que incluso la defendió en el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel (1906) compartido con Cajal.

El discurso de Golgi causó verdadero estupor al propio Cajal y a los histólogos y científicos suecos que contemplaban asombrados la exposición de Golgi. La actuación de Golgi en este acto solemne, rayó en la desfachatez, ya que deliberadamente no citó los logros de Cajal ni tampoco los logros de otros científicos, que como Forel, His, Retzius, Waldeyer, von Kolliker, Van Gehuchten, von Lenhossek y  Edinger, eran todos partidarios de la doctrina neuronal propuesta por nuestro premio Nobel.

Aunque la técnica de Golgi fue de gran importancia por todo lo que con ella se consiguió y ha representado para la moderna neuroanatomía, esta no llegó a las manos de Cajal hasta el año 1887, tras su visita al laboratorios de D. Aureliano Maestre de San Juan, profesor de Histología de la Facultad de Medicina de Madrid y el de Dr. Luis Simarro (1851–1921), distinguido neurólogo y psiquiatra aficionado a la histología.

Estos dos hombres, transmitieron sus conocimientos con generosidad al por aquel entonces joven estudiante de doctorado, D. Santiago Ramón y Cajal (1877) que mostraba una gran inquietud por conocer el enigmático mundo del tejido nervioso. El primer trabajo que Cajal  publica con el método de la “reazzione nera” de Golgi apareció el 1 de Mayo de 1888. En esta publicación es donde Cajal hizo su aportación trascendental que condicionó la moderna neuroanatomía.

 

La teoría neuronal.

La teoría neuronal básicamente demuestra que los procesos de las células nerviosas terminan libremente, comunicándose los elementos neuronales entre sí mediante contactos y no por continuidad. Cada célula nerviosa es independiente y absolutamente autónomo y la corriente nerviosa  fluye desde las dendritas y cuerpos neuronales y finalmente a los axones. Las dendritas junto con el cuerpo neuronal forman el área receptora de los impulsos  nerviosos y el axón el elemento efector. También Cajal da a conocer por primera vez la existencia de cortos procesos que poblando a manera de espinas los tallos dendríticos, conforman los lugares preferentes donde se establecen los contactos entre las neuronas, reconocidos como sinapsis. La teoría neuronal fue comunicada por Cajal (1889) en el Congreso de Berlín al que asistía uno de los grandes científicos de la época, Albert von Kölliker. Este incrédulo autor alemán tras reconocer la veracidad científica de los preparados histológicos presentados por Cajal decía: “Son tan bellos los resultados obtenidos por usted que pienso emprender inmediatamente, ajustándome a su técnica, una serie de trabajos de confirmación. Le he descubierto a usted y deseo divulgar en Alemania mi descubrimiento”.

No podemos pasar página sin referirnos a la belleza plástica del sistema nervioso expresada en los dibujos de Cajal sobre el hipocampo (1901), el cerebelo (1904), el asta anterior de la médula espinal (1903),  la microglia y la glia perivascular recogidas todas ellas en su libro titulado  “Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados” (Cajal, 1899, 1904, 1909, 1911) y en innumerables publicaciones científicas. Así mismo, la escuela de Cajal integrada fundamentalmente por Tello, del Río Hortera, de Castro y Lorente de No, como discípulos directos, usaron también los dibujos como elemento básico descriptivo a la hora de difundir sus obras. Del Rio Hortega (1920) describe mediante dibujos la microglía, De Castro (1920 y 1928) con dibujos precisó la histogénesis de la neuroglía en el bulbo olfativo y la inervación del seno carotídeo.  Lorente de No (1922) mediante dibujos realizó la descripción y estructura de las inter-neuronas de la corteza cerebral del ratón. Cajal (1918) también estudió la patología de la enfermedad de Alzheimer, en la corteza cerebral, la alteración del proceso dendrítico de la célula de Purkinje en el cerebelo de un viejo paciente con demencia precoz (1926), y todas aquellas que forman parte de las publicaciones recopiladas en el libro “Estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso” (1913,1914), de obligada referencia para aquellos que trabajan en investigaciones sobre plasticidad y regeneración del tejido nervioso. También Cajal muestra imágenes relacionada con lesiones traumáticas de la corteza cerebral (1911, 1914), con heridas realizadas en una circunvolución cerebral (1914) y  con el transplante de un ganglio nervioso (1914).

Permítanme, que les proyecte algunas fotos de los cuadros que forman la colección  de Los Paisajes del  cerebro. Representando la corteza cerebral, el bulbo olfativo, la retina, el hipocampo, los ganglios basales, el cerebelo, y el sistema nervioso periférico integrado por los componentes nerviosos que forman los ganglios intramurales, los elementos sensitivos reguladores del peristaltismo del esófago, la inervación sensitiva de los grandes vasos sanguíneos y el corazón.

Gracias por vuestra atención.

 

24 de noviembre de 2015