El papá de Papá Noel murió de fiebre amarilla

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Autoría 
Ángel Rodríguez Cabezas
Texto 

Esta es una bella historia en la que se demuestra que la mutación que algunos artistas son capaces de realizar con algunos personajes produce mágicos efectos que perduran en los espacios y en el tiempo

Todo empezó en Baviera hacia el año 1846. El brigadier Nast pertenecía a la banda de música militar en el regimiento destacado en aquella plaza. Cuando la banda actuaba los domingos en el engalanado templete de la plaza Mayor, el pequeño Thomas, hijo del brigadier, acompañaba a su madre, y ambos seguían atentos el concierto desde la primera fila. No obstante, casi siempre, Thomas se escurría hábilmente de los brazos maternos, escalaba los escalones del templete de música y agazapado entre la tuba, el bombardino y los trombones, en cuclillas, pasaba desapercibido. Lo que ocurría, sin embargo, es que en aquella elástica posición, Thomas se dedicaba a dibujar en su libreta a los elegantes músicos de guerrera azul y pantalón rojo con franja dorada, en un contrapicado artístico, inflando los carrillos para lograsr las notas más graves.

Thomas acabó silbando virtuosamente todas las marchas militares, pero la vocación musical soñada por su padre no pasó de sacarle algunos redobles al tambor. Sin embargo, sí tuvo dibujados en su bloc una excelente colección de casi todos los músicos de aquella banda militar de Baviera. Pronto su padre se rindió a la evidencia y empezó a regalar al pequeño Thomas lápices de colores y acuarelas y no se preocupó ya de educar sus oídos en el reconocimiento de las corcheas.

Cuando la familia Nast se trasladó a Nueva York, el joven Thomas se matriculó en la Academia de Bellas Artes, que pronto abandonó para ingresar en el periódico 'Leslie's Illustrated'. Superó la prueba que le propuso el director del periódico: dibujar una escena que reflejase con toda precisión cada una de las acciones que suceden en la inminente salida del ferry. El dibujo debería llevar el siguiente pie: ¡todos a bordo! Había que cubrir con el dibujo aquella noticia. Como en aquella época el número de analfabetos era grande, los dibujos en los medios ineludiblemente tenían una gran carga informativa. Así es que en aquel dibujo debían oírse los gritos del sobrecargo, el beso de despedida de la chica enamorada, el vapor brotando por las chimeneas mezclándose con la bruma portuaria, el ir y venir de los marineros soltando calabrotes, en fin, ¡todos a bordo! Y el buque soltando amarras.

En el 'Leslies's Illustrated' dibujó toda clase de acontecimientos sociales, deportivos y culturales de Nueva York, pero en 1980 el 'New York Illustrated News' le nombró corresponsal gráfico en Europa, cargó que aceptó complacido. Desde su nuevo puesto dibujó a Victor Manuel II, a Garibaldi, a sus 'camisas rojas' y sus aventuras bélicas. Sus dibujos expresaban de un solo golpe de vista los sucesos bélicos que hacían temblar Europa o los enfrentamientos parlamentarios o bien las dulces e insípidas crónicas de aquella 'alta sociedad' europea.

Santa Claus no deja de ser un obispo cristiano del siglo IV con su mitra y su báculo

Pero ya la Guerra Civil asolaba a Norteamérica y los periódicos disponían de mucho material que necesitaban dar a conocer tanto por escrito como gráficamente. Nast fue contratado por el potente Harper's Weekly para realizar esta misión de 'original reportero gráfico de guerra', trabajo que hizo hasta la finalización de la contienda.

Sus dibujos no sólo narraban las escenas belicosas, sino que, con un toque de persuasión patriótica, lograban reclutar más soldados para la Unión que todas las campañas propagandísticas. Por ello fue condecorado por el propio Abraham Lincoln.

Tras la Guerra de Secesión, Thomas se propuso otro objetivo a realizar con su habitual actividad: ser útil a la humanidad; utilizaría el cuarto poder de sus plumillas para cargar contra la injusticia social en forma de mafia que controlaba la ciudad; a favor de la paz y de las minorías étnicas (indios y chinos) y en contra del desempleo y del hambre. . Sirvió esa campaña para meter entre rejas al mafioso B.William Maray Tweed y también para ganarse muchos enemigos.

Thomas Nast estaba en la cúspide de la popularidad. Hasta, probablemente por ello, tuvo la oportunidad de ser el creador de los logotipos, dibujando el elefantito para representar al partido republicano y el asno para identificar a los demócratas.

Pero, aunque no fue efímera su gloria, sí lo fue su fortuna, acumulada durante todos sus años de trabajo. Todo se fue al traste cuando un socio, rufián y bellaco, lo arruinó junto a su amigo, el ex presidente de Estados Unidos, Ulises Grant, a través de una empresa financiera.

Casi un año más tarde Nast resurge de sus propias cenizas con un nuevo proyecto, cuya ejecución consulta a su amigo, el reverendo Granger: encontrar un personaje para sus dibujos que pueda simbolizar verosímilmente la Navidad y que pueda ser reconocido en los periódicos de un solo golpe de vista; un personaje que fuera imperecedero y que los americanos lo pudieran cómodamente identificar con la Navidad.

Tras pensarlo un buen rato, el pastor Granger respondió:

–Hasta ahora, y en algunas regiones de la Unión, la responsabilidad de traer los regalos de Navidad está encomendada a Santa Claus, aunque este personaje no deja de ser un obispo cristiano del siglo IV con su mitra y su báculo. No ha sido universalmente bien aceptado por los americanos. Santa Claus deriva del holandés, Sinter Klass (San Nicolas, en español). Durante toda la Edad Media se encargaba de llevar regalos a los niños. Bien es cierto que sólo en Holanda tuvo verdadera aceptación, pasando desde allí a la colonia holandesa de Nueva Amsterdan. Algunos historiadores afirman que San Nicolás nació en el sudeste de Turquía, en Patara; fue ordenado obispo de Myra, en Asia Menor. Luego asistió al famoso Concilio de Nicea (hoy la ciudad turca de Iznik) en el 325, importante porque allí se redactó el texto del Credo que recitan los católicos y se fijó la fecha de la Pascua de Resurrección. Bueno, lo importante es que por ser muy amigo de los niños, poco a poco se le asignó la misión de traer algunos regalitos el día 6 de diciembre, el día de su onomástica, encargo que realizaba vestido de obispo, cubierta su beatífica cabeza por la mitra y portando el báculo, que no abandonaba ni cuando cabalgaba graciosamente en el pollino para visitar la casa de los niños. En Holanda, como te digo, se dejan junto a la chimenea los zuecos llenos de paja para el asno de San Nicolás.

Thomas Nast creo el personaje de Papá Noel al secularizar al prelado Sinter Klaus

Una hermosa leyenda lo hace penetrar en las casas, de forma tan incómoda, por la chimenea: Un noble de Myra, arruinado, no tenía dinero para la dote de sus tres hijas. Informado Nicolás del asunto decidió arrojar por la ventana, que estaba casualmente rota, una bolsa con monedas, guardando sigilosamente el secreto de la acción. Pero como Nicolás no estaba ducho en temas casamenteros, ese dinero sólo cubría una de las dotes, por lo que, avisado de ello, a la noche siguiente realizó la misma faena, es decir arrojar otra bolsa de monedas por la ventana rota; pero el problema seguía sin resolverse, sólo había dinero para dos dotes, por lo que resuelto a terminar su piadosa labor intentó arrojar una tercera bolsa por la ventana, pero, ¡oh sorpresa!, el cristal había sido ya reparado, así es que no se le ocurrió mejor cosa que trepar al tejado y por la chimenea arrojar la tercera bolsa, que cayó en los zuecos de la tercera muchacha casadera.

Parecióle buena idea a Nicolás lo de escalar fachadas y así, cuando logró ser santo retomó aquella acción que convirtió en costumbre navideña, al menos entre los niños holandeses. Bonita leyenda.

Un mes más tarde Nast, delante del reverendo, esparcía sobre la gran mesa del salón unos bocetos:

–Reverendo, ya tengo perfilado al personaje que iba buscando. Sólo son unos bocetos. Lo único que he hecho ha sido secularizar al obispo Sinter Klaus. Le he vestido de rojo; lo he engordado un poco para lograr un aspecto entre bonachón y campechano; le he conservado la barba blanca, pues los viejos, si no son gruñones, resultan muy simpáticos para los niños; la mitra la he sustituido por ese gorrito extraño y el báculo no tenía sentido, era un estorbo para repartir juguetes. ¡Ah! Eso sí, nuestro hombre con este porte no puede viajar en un asno sino en un trineo arrastrado por renos. Y de esta guisa, ¿de dónde vendrá? Pues de un lugar muy exótico donde tiene su almacén de juguetes: del Polo Norte. Seguirá deslizándose probablemente por las chimeneas, que esto produce una buena dosis de misterio e incertidumbre, luchando claro con la incompatibilidad material del espacio, por lo que llegará sudoroso al salón de la casa cuando los niños duerman, aunque sea con un ojillo entreabierto. ¿Qué le parece nuestro Papa Noel? Ya tenemos hasta nombre para el personaje.

El reverendo se quedó pensativo, mirando al techo de la estancia. ¿Qué lugar ocuparía Papa Noel en la escala celestial?

De esa forma, metamorfoseando con el encanto del dibujo la figura de San Nicolás, pasando por Sinter Klass en holandés y Santa Claus en otras naciones, Thomas Nast crea al Papá Noel que visita muchos hogares del Planeta Tierra todos los años.

Nast dibujó cientos de ilustraciones de Papá Noel, en todas las posturas y circunstancias: despachando un montón de cartas infantiles o luchando con la estrechez de las chimeneas domésticas.

Pero, a pesar de todo ello, la ruina se había enseñoreado de la economía de Thomas, que fue parcialmente salvada con la publicación de un libro, recopilación de todos los dibujos navideños que publicó en el Harper's: 'Dibujos navideños para la raza humana'.

Este libro recordó a algunos que Thomas Nast existía y gran parte de la construcción de la gran nación americana era obra de sus dibujos. Por ello, seguramente, el presidente Theodore Roosvell le nombró Cónsul General en Ecuador, en 1902.

Thomas Nast pensó, al recibir el nombramiento que podría en Guayaquil descansar tranquilo, porque casi todos los niños del mundo tendrían sus regalos de Navidad de la mano del gordo y simpático Papá Noel.

Sin embargo, en diciembre de aquel mismo año, Thomas Nast enfermó gravemente, con un cuadro que se inició con cefaleas, fiebre, bradicardia, ictericia, epistaxis, sangrado de encías, melenas y hematemesis. El especialista en enfermedades tropicales y los doctores ecuatorianos estuvieron de acuerdo: el enfermo padecía fiebre amarilla o vómito negro en fase crítica y nada podía hacerse. Seguramente, en estado semicomatoso, Thomas Nast soñó con un hombrecillo gordo, vestido de rojo y que, procedente de tierras heladas, venía presto en trineo a despedirse de él.

 

Dr. Ángel Rodríguez Cabezas
Artículo publicado en el Diario Sur de Málaga